KATSUSHIKA HOKUSAI|10 MIN DE LECTURA

Entender el arte de Katsushika Hokusai

La ola que conoces es solo el principio. Detrás de siete estampas de Hokusai hay un azul importado que cambió el grabado japonés, un río en el que no se permitían puentes y una cascada ligada a un relato sobre la devoción de un hijo por su padre moribundo.

AUTOR Moryarty

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«Cien historias de fantasmas en una casa encantada»
Katsushika Hokusai, dominio público, vía Wikimedia Commons

Katsushika Hokusai nació en Edo, la actual Tokio, en 1760 y murió allí en 1849. Entender su arte resulta más fácil cuando miras sus estampas no como obras maestras aisladas, sino como objetos destinados a venderse, transportarse y coleccionarse. Las siete obras que siguen son xilografías en color y, juntas, relacionan la mirada de un artista ante la naturaleza con las rutas comerciales, los caminos de peregrinación y los relatos populares de su época.

Cuatro de las estampas pertenecen a «Treinta y seis vistas del monte Fuji», dos a «Recorrido por las cascadas de varias provincias» y una a una serie sin título de flores de gran tamaño. Todas comparten editor: Nishimuraya Yohachi, que publicaba bajo el nombre de Eijūdō.

¿Qué azul usó Hokusai en «La gran ola de Kanagawa» y de dónde venía?

«Bajo la ola de Kanagawa» («Kanagawa oki nami ura»), también conocida como «La gran ola de Kanagawa», se concibió para la serie de xilografías en color «Treinta y seis vistas del monte Fuji» y se imprimió para un público amplio de Edo. No era una pintura única creada para un palacio o un templo. Era una lámina comercial, pensada para que la gente corriente la comprara, se la llevara a casa y la contemplara. Se vendió extraordinariamente bien cuando apareció a principios de la década de 1830.

«La gran ola de Kanagawa»

Un azul recién llegado a Japón permitió a Hokusai imprimir aquel mar. El azul de Prusia, un nuevo pigmento sintético, entró en el país a través de China y los Países Bajos, los dos únicos socios comerciales que Japón mantenía en aquellos años. A diferencia de los azules que los grabadores japoneses habían utilizado hasta entonces, resistía la decoloración y daba un color mucho más intenso. Las opciones anteriores eran el índigo y el azul obtenido de la comelina, ambos mucho menos intensos, y el nuevo pigmento abrió a los diseñadores posibilidades que nunca habían tenido.

Los impresores no se limitaron a sustituir un azul por otro. Los estudios de los ejemplares que se conservan muestran que combinaban y superponían índigo y azul de Prusia para conseguir toda la gama de azules del agua. Por eso el mar presenta tantos tonos: el efecto nace del uso conjunto de dos pigmentos, no de la sustitución completa de uno por otro.

El Museo Británico calcula que durante el periodo Edo pudieron imprimirse entre 5.000 y 15.000 ejemplares. La obra se creó para reproducirse y venderse una y otra vez, y su fama en Japón se apoyaba en esa producción continuada, no en la escasez.

Su fama posterior llegó mucho más allá del grabado. Se dice que la composición inspiró «La Mer», de Debussy, y el poema «Der Berg», de Rilke.

Hoy, museos de varios continentes conservan ejemplares originales, entre ellos el Museo Metropolitano de Arte de Nueva York, el Instituto de Arte de Chicago, el Rijksmuseum de Ámsterdam y el Museo Británico de Londres.

Por qué «Viento del sur, cielo despejado» de Hokusai se conoce como «Fuji rojo»

«Viento del sur, cielo despejado» («Gaifū kaisei»), también conocida como «Fuji rojo», muestra el monte Fuji como un triángulo rotundo ante un cielo de un azul frío, con las laderas en rojos intensos y marrones terrosos. El apodo tiene su origen en un fenómeno meteorológico real. A finales del verano o principios del otoño, cuando sopla el viento del sur y el cielo permanece despejado, el sol naciente puede teñir de rojo la montaña. Ese es el instante que recoge la estampa.

«Viento suave»

Toda la serie se concibió en torno al azul de Prusia recién importado, y los primeros diseños se imprimieron principalmente en tonos azules, también con los contornos en azul. El editor, Nishimuraya Yohachi, solo pasó a una paleta de muchos colores cuando tuvo la certeza de que la serie se vendería.

El éxito de la serie hizo que pasara de treinta y seis a cuarenta y seis diseños. El editor había previsto más de cien, pero la publicación se detuvo en cuarenta y seis.

Una estampa como esta no salía de una sola plancha. Cada color de la imagen exigía su propia plancha de madera tallada, de modo que cada lámina era fruto del trabajo conjunto del artista, los talladores y los impresores, todos bajo la supervisión del editor. La imagen parece obra de una sola persona, pero la hizo un pequeño taller.

El Museo Metropolitano de Arte de Nueva York conserva un ejemplar, adquirido con fondos del Rogers Fund en 1914. Otro se encuentra en el Museo Británico de Londres, y un tercero llegó a los Harvard Art Museums como donación de Friends of Arthur B. Duel en 1933.

¿Por qué eligió Hokusai Enoshima, en la provincia de Sagami?

«Enoshima en la provincia de Sagami» («Sōshū Enoshima») es la vista de una isla que Hokusai eligió para «Treinta y seis vistas del monte Fuji». Nishimuraya Yohachi la publicó hacia 1831 bajo el nombre de Eijūdō. El antiguo nombre provincial del título sitúa la escena en Sagami. La imagen muestra los acantilados rocosos de la isla y el oleaje en azules y verdes fríos, que equilibran el tono beige cálido del papel.

«Enoshima en la provincia de Sagami»

Enoshima no era solo un paisaje. La pequeña isla y su localidad costera eran un destino de peregrinación. En la isla hay pozas de marea y cuevas junto al mar, además de un gran templo dedicado a Benzaiten, la deidad budista de las artes, la riqueza y la buena fortuna.

Hokusai ya era septuagenario cuando apareció la serie del Fuji, que estaba lejos de ser su único proyecto. En esos años publicó una serie de estampas en color tras otra. Durante la década de 1830, su etapa más prolífica como grabador, sus imágenes de lugares famosos, llamadas meisho-e, le dieron una gran fama.

A lo largo de su vida utilizó más de treinta nombres artísticos, entre ellos Shunro, Sori, Hokusai, Gakyojin, Iitsu y Manji Rojin. El nombre Iitsu aparece en la propia serie del Fuji.

El Museo Metropolitano de Arte de Nueva York conserva un ejemplar, adquirido en 1936 como parte de la Colección Howard Mansfield.

¿Por qué los porteadores llevaban a los viajeros a través del río Ōi en la estampa de Kanaya de Hokusai?

«El Fuji visto desde Kanaya en la ruta Tōkaidō» («Tōkaidō Kanaya no Fuji») muestra el cruce del río Ōi en la ruta Tōkaidō, donde los porteadores transportaban a los viajeros y los vehículos en los que iban. En la estampa, llevan a los viajeros sobre plataformas a través del río, mientras el monte Fuji se alza sereno y lejano al fondo.

«Tōkaidō kanaya no fuji»

El obstáculo era deliberado. El gobierno Tokugawa prohibió construir cualquier puente de gran envergadura sobre el Ōi cerca de Kanaya por motivos militares. También prohibió las barcas de paso. Solo se podía cruzar por el vado, donde los porteadores llevaban y guiaban a cada viajero.

Cuando subía el nivel del agua, nadie tenía permiso ni posibilidad de cruzar. Los viajeros podían tener que esperar en Shimada, en una orilla, o en Kanaya, en la otra, durante días y a veces semanas, hasta que el agua bajara lo suficiente para vadear el río. El Ōi era un obstáculo peligroso para quienes viajaban.

Los retrasos desesperaban a los viajeros, pero dejaban dinero en las dos localidades, y los porteadores se ganaban la vida pasando a la gente de una orilla a otra. El cruce del río era un gran negocio en ambas márgenes. A finales del periodo Edo, Shimada y Kanaya sumaban más de 1.300 porteadores: toda una economía local basada en transportar personas por unas aguas sobre las que no se permitía construir un puente.

El cambio no llegó hasta la caída del shogunato. En 1871, las barcas de paso sustituyeron a los porteadores del Ōi. En 1879 se inauguró por fin el primer puente entre Shimada y Kanaya. Con él terminó la forma de cruzar el río representada en la estampa.

El Museo Metropolitano de Arte de Nueva York conserva un ejemplar que recibió a través del legado de Henry L. Phillips en 1939.

¿Cuál es la leyenda de la cascada de Yōrō?

«Cascada de Yōrō», en la provincia de Mino («Mino no Yōrō no taki»), muestra una imponente caída vertical de agua entre acantilados escarpados y vegetación exuberante, con toques blancos en el agua. Hokusai la creó como una de las ocho estampas de «Recorrido por las cascadas de varias provincias» («Shokoku taki meguri»). Como todas las láminas de la serie, lleva el nombre de un lugar real que se puede visitar.

«Cascada de Yōrō»

Una leyenda popular japonesa sobre la devoción filial está ligada a este lugar. En ella, un hijo devoto recoge agua de la cascada de Yōrō para su padre moribundo, que se recupera después de beberla. El relato asocia la cascada con el cuidado y el cariño del hijo por su padre.

Al elegir cascadas con nombre propio para las ocho estampas, Hokusai situó la serie en la tradición del meisho-e, las imágenes de lugares famosos. En sus escenas de cascadas suelen aparecer pequeñas figuras humanas que subrayan la escala y la fuerza de los saltos de agua.

Las láminas eran fruto de una colaboración, pero Hokusai se implicaba a fondo en su parte del trabajo. Las cartas que se conservan muestran que vigilaba cada detalle de la impresión y se quejaba a los editores cuando el resultado no estaba a la altura. También escribió al tallador Sugita sobre unos ojos y narices mal tallados en sus ilustraciones para el libro «Ehon Toshisen» (1833), y le pidió que los rehiciera.

Tras la muerte de Hokusai, se hicieron falsificaciones muy logradas de la serie de cascadas, lo bastante convincentes como para engañar a muchos coleccionistas occidentales.

El Instituto de Arte de Chicago conserva un ejemplar de la Colección Clarence Buckingham. Hay otros en el Museo Metropolitano de Arte de Nueva York, el Museo Norton Simon y el Museo de Arte de San Luis.

La cascada de Kirifuri y las estampas de Hokusai sobre saltos de agua

«Cascada de Kirifuri en el monte Kurokami de Shimotsuke» («Shimotsuke Kurokamiyama Kirifuri no taki») es un estudio de la verticalidad. El agua que cae está dibujada en azules y verdes azulados fríos sobre el tono beige cálido del papel, mientras las pequeñas figuras al pie permiten apreciar la magnitud del salto. Kirifuri significa “niebla que cae”. El lugar se encuentra al norte de Nikkō, en la actual prefectura de Tochigi, en las estribaciones del monte Akanagi.

«Shimotsuke Kurokami-Yama Kurifuri no Taki»

Mucho antes de que Hokusai la dibujara, los peregrinos que visitaban los santuarios y templos de la zona ya admiraban la cascada y su entorno montañoso.

La cascada real mide unos 76 metros de altura y desciende en tres tramos: una caída vertical, un recorrido casi horizontal y una segunda caída sobre rocas escarpadas. Era un destino popular en tiempos de Hokusai y sigue siéndolo hoy.

«Recorrido por las cascadas de varias provincias» fue la primera serie de ukiyo-e que tomó las cascadas como tema exclusivo. Recibió elogios por la manera inventiva y expresiva de tratar las cascadas, a lo que contribuyeron los pigmentos importados. El azul de Prusia y otros pigmentos minerales que llegaban a Japón desde Europa habían dado a los grabadores de paisajes nuevas formas de representar el agua y el cielo.

El Museo Metropolitano de Arte de Nueva York conserva un ejemplar, al igual que el Instituto de Arte de Chicago y los Harvard Art Museums de Cambridge.

Cómo firmó Hokusai «Hortensia y golondrina»

«Hortensia y golondrina» es una estampa de aves y flores de principios de la década de 1830, creada para una serie sin título de flores de gran tamaño. La golondrina surca el aire sobre un grupo de flores de hortensia y hojas verdes anchas. Su plumaje negro azulado contrasta con los tonos verdes suaves del follaje y los pétalos pálidos, y la estampa deja a su alrededor una amplia superficie de papel sin imprimir.

«Hortensia y golondrina»

La lámina nació de la misma colaboración entre artista y editorial que los paisajes. Nishimuraya Yohachi la publicó a través de su casa editorial Eijūdō, de modo que la colaboración que dio lugar a las series del Fuji y de las cascadas también se extendió a los temas florales.

Y Hokusai se aseguró de que la lámina llevara su nombre. La estampa está firmada “zen Hokusai Iitsu hitsu”, con el nombre Iitsu que utilizó en sus últimos años. Así, la autoría queda registrada en el propio papel, igual que en la serie del Fuji. El Instituto de Arte de Chicago y el Museum of Fine Arts conservan un ejemplar cada uno.

Elige la lámina cuya historia más te gustaría tener cerca en casa: el azul importado de la ola, el Ōi sin puente o el hijo junto a la cascada de Yōrō. Con la lámina en la pared, también tendrás presente esa historia.

¿Sabías que…?

  • Un ejemplar de «El Fuji visto desde Kanaya en la ruta Tōkaidō», perteneciente a la Colección Michener de Honolulu, se mostró en la exposición «La cumbre de Hokusai» del Asian Art Museum de San Francisco en 2009 y 2010.
  • «Enoshima en la provincia de Sagami» es el diseño número 25 de «Treinta y seis vistas del monte Fuji».
  • La estampa «Cascada de Yōrō» lleva la firma “Zen Hokusai Iitsu fude”.
  • «Treinta y seis vistas del monte Fuji» se vendió bien, en parte, gracias a la intensa veneración popular de la montaña en tiempos de Hokusai.
  • El ejemplar de «Fuji rojo» de los Harvard Art Museums lleva impresa la firma “Hokusai Aratame Iitsu hitsu”.

Preguntas de los lectores sobre Hokusai

¿Cuál es la obra más famosa de Katsushika Hokusai? «La gran ola de Kanagawa», de la serie «Treinta y seis vistas del monte Fuji». Hokusai jugó con la perspectiva y redujo el monte Fuji a un pequeño montículo triangular dentro del hueco de la ola que se levanta.

¿Cuál era el estilo artístico de Hokusai? Trabajó en la xilografía en color del ukiyo-e, una técnica basada en contornos nítidos y superficies de color plano. El azul de Prusia, recién importado, dio a grabadores de paisajes como él nuevas formas de representar el agua y el cielo. También seguía el budismo de Nichiren, y sus estampas de cascadas transmiten con fuerza la sensación de que el agua está viva, reflejo de sus creencias animistas.

¿Por qué es rojo el «Fuji rojo»? Por el fenómeno meteorológico que recoge: a finales del verano o principios del otoño, con viento del sur y cielo despejado, el sol naciente puede teñir de rojo las laderas de la montaña. El Museo Metropolitano de Arte lo contrapone a otra vista de la misma serie, «Tormenta bajo el Fuji», con su rayo blanco sobre una base negra como la tinta.

¿Quién publicó las estampas de Hokusai? Nishimuraya Yohachi, que publicaba bajo el nombre de Eijūdō, editó «Treinta y seis vistas del monte Fuji», la serie de cascadas y las estampas de flores de gran tamaño que se comentan aquí. Una carta fechada en 1836 deja constancia de que, a mediados de la década, había caído en dificultades económicas.

¿Cuándo hizo Hokusai sus estampas más conocidas? Decía que nada de lo que había dibujado antes de los setenta años merecía tenerse en cuenta. Ya septuagenario, publicó una serie de estampas en color tras otra, y vivió hasta los 89 años.

¿Dónde puedo ver estampas de Hokusai en persona? Hay ejemplares originales en las colecciones de grandes museos, como el Museo Metropolitano de Arte de Nueva York, el Museo Británico de Londres y el Instituto de Arte de Chicago. El Tokyo Fuji Art Museum conserva un ejemplar de «El Fuji visto desde Kanaya en la ruta Tōkaidō» que ha viajado a exposiciones en Niigata, Curitiba y Kaohsiung.


Sobre el autor

Somos el equipo de Moryarty, una empresa europea que restaura e imprime pósters vintage en nuestro taller de Barcelona desde 2015. Encontramos nuestros pósters en bibliotecas, museos, colecciones en línea y colecciones privadas. Restauramos cada obra a mano sin alterar su diseño ni sus colores originales y la imprimimos en nuestro propio taller sobre papel mate de calidad museística. Las xilografías de Hokusai están entre las obras que más apreciamos, y nos gusta compartir sus historias con quienes nos leen en toda Europa.

Fuentes

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