Sobre el artista
Samuel Eggertsson fue un cartógrafo islandés activo a finales del siglo XIX, época en la que los mapas impresos se convirtieron en herramientas esenciales para la administración, la enseñanza y la exploración. Su obra se inscribe en la tradición europea de la cartografía victoriana tardía, donde la claridad, la precisión y una letra cuidada eran especialmente valoradas. Eggertsson participó en la documentación visual de Islandia en un momento de creciente conciencia nacional y expansión del conocimiento geográfico.
Este mapa funciona como un testigo histórico de una era en que la isla se cartografiaba de forma sistemática y sus territorios se fijaban sobre el papel. Para coleccionistas y aficionados resulta una ventana a las ambiciones de los cartógrafos decimonónicos y a la importancia creciente de la alfabetización geográfica en la vida cotidiana.
La obra
Realizado en 1890, este mapa político transforma la masa terrestre atlántica en un territorio ordenado, dividido en jurisdicciones y regiones fácilmente reconocibles. Mapas de este tipo eran instrumentos habituales en aulas, despachos y bibliotecas, porque ayudaban a visualizar y comprender la organización administrativa del país. Hoy, la pieza sigue siendo un testimonio del impulso por hacer accesibles y comprensibles los lugares remotos mediante la cartografía.
En una composición mural seleccionada, complementa otras piezas geográficas de la colección de mapas y puede combinarse con temas afines de la colección de paisajes para construir una narrativa visual coherente.
Estilo y características
El mapa sitúa Islandia en el centro, rodeada por aguas de un azul pálido, con trazos negros nítidos y una densa rotulación de localidades y regiones. Lavados de color diferenciados —principalmente verde, naranja y rojo— delimitan las distintas jurisdicciones sobre un fondo claro de aspecto archivístico. El diseño general es mesurado y ordenado, propio de la producción de atlas decimonónicos, combinando atractivo decorativo con una funcionalidad clara.
Esta lámina vintage desprende una atmósfera serena y académica, atractiva para quienes valoran los documentos históricos y las composiciones visuales limpias y estructuradas. El coloreado manual y la tipografía precisa le confieren autenticidad y encanto.
En la decoración interior
Este póster de Islandia encaja especialmente en oficinas domésticas, bibliotecas, pasillos o salones, y funciona de maravilla en interiores de inspiración escandinava, minimalista o costera. Su paleta sutil armoniza con maderas claras, tonos pétreos y textiles con textura, mientras que las regiones coloreadas pueden sugerir acentos en salvia, terracota o óxido.
Para una composición equilibrada, puedes combinarlo con piezas de la colección de arte mural verde o de los pósters naranjas, y rematar con selecciones discretas de la colección de marcos. También resulta atractivo para viajeros, historiadores y admiradores del diseño nórdico.
