Sobre el artista
Henri Matisse encontró nuevas formas de trabajar el color cuando la enfermedad hizo cada vez más difícil pintar ante un caballete. En sus últimos años recortaba hojas pintadas con gouache y disponía las piezas en distintas composiciones. Así pudo seguir experimentando pese a sus limitaciones físicas. En 1947 también se publicó Jazz, un libro realizado con el editor Tériade a partir de sus recortes y textos manuscritos. Losange lleva esa misma fecha, aunque no está demostrado que guarde relación con el libro. La obra pertenece, por tanto, a una etapa en la que Matisse seguía replanteándose cómo podían encontrarse el color y la forma.
La obra
Losange toma su título de la palabra francesa para rombo: remite a una figura geométrica, no a un lugar ni a un personaje. Fechada en 1947, la obra corresponde a un periodo en el que Matisse exploraba los límites entre pintura y decoración. No anuncia ningún acontecimiento ni cuenta una historia. Invita, más bien, a detenerse en las relaciones que se establecen entre las formas. La fecha la sitúa en un momento concreto de la trayectoria del artista, sin vincularla a una ocasión determinada. Para quienes se interesan por el modernismo, Losange muestra una abstracción que no necesita representar nada más que a sí misma.
Estilo y características
La mirada se dirige primero al círculo rojo central y después sigue las gruesas líneas negras hacia el vértice superior del rombo y de vuelta hacia abajo. Otros cuatro círculos rojos quedan fuera de sus bordes, dos arriba y dos abajo, sobre un fondo blanco roto. Unos trazos cortos atraviesan los lados del rombo e interrumpen la continuidad que cabría esperar de su contorno. Los círculos presentan pequeñas variaciones en su forma, de modo que la aparente simetría nunca llega a convertirse en un patrón mecánico. Una pequeña firma, cerca del margen inferior derecho, señala la presencia del artista en el borde de la imagen. La fuerza de la composición reside en el contraste, no en el detalle.
En la decoración interior
En un rincón de lectura, el póster vertical puede colgarse sobre un sillón bajo de roble, de modo que el rombo se distinga desde el otro lado de la habitación. Un marco negro estrecho recoge el color de las líneas sin introducir otra forma que compita con ellas. Sobre una pared blanca de tono cálido, los círculos rojos mantienen su presencia incluso con la luz suave de la tarde. Durante una pausa entre páginas, la mirada puede recorrer las líneas de la composición. Los cinco círculos aportan un punto de color preciso a una estancia sobria. No hace falta repetir el motivo en otros elementos: basta con dejar espacio a su geometría.
