Sobre el artista
Adolphus William Albert Plâté fue un ilustrador comercial de principios del siglo XX cuyo trabajo captó el espíritu del viaje en una época en que los pósters moldeaban la imaginación pública sobre lugares lejanos. Su obra de 1940 sintetiza atmósfera y claridad, con ese tono persuasivo y sereno propio de la publicidad de ocio de la época. El legado de Plâté pervive entre coleccionistas de pósters vintage, valorado por su equilibrio entre diseño gráfico y memoria del turismo clásico.
Esta pieza se integra naturalmente con otras láminas publicitarias vintage de la edad dorada de los viajes, ofreciendo una ventana a la cultura visual que sedujo a viajeros de todo el mundo.
La obra
Creado cuando Colombo era un puerto vibrante en la Ceilán colonial —hoy Sri Lanka— este póster pretende despertar el deseo de viajar y presentar la ciudad como un refugio costero refinado. La obra refleja la fascinación de la época por destinos exóticos, invitando al espectador a imaginarse detenido junto al mar, disfrutando del ritmo sosegado de la vida a orillas del Océano Índico.
Como anuncio y a la vez objeto cultural, el póster transforma un lugar geográfico en una visión aspiracional de ocio y tranquilidad, resonando con quienes aprecian la nostalgia de la iconografía clásica de viaje.
Estilo y características
La composición muestra una playa tranquila con palmeras en silueta y un banco solitario mirando al mar, todo representado mediante formas limpias y simplificadas. El horizonte abierto y las amplias zonas tonales generan sensación de espacio y sosiego, mientras que el banco en primer plano ancla la mirada del espectador.
Una paleta sutil de gris, beige y negro confiere al póster un aspecto suavemente envejecido, perfecto para quienes prefieren una estética vintage discreta. Este ambiente apacible combina bien con otras piezas de arte de mar y océano, convirtiéndolo en una elección versátil para interiores costeros o contemporáneos.
En la decoración interior
Este póster de viaje vintage de Colombo encaja en salones, pasillos, despachos o habitaciones de invitados donde se busca evocar una sensación de escapada tranquila. Sus neutros suaves armonizan con estilos como el nórdico o Japandi y con materiales naturales como roble, ratán y lino.
Combínalo con blancos cálidos, beige arena o grises piedra, y deja que los acentos negros remitan al trazo gráfico para un conjunto cohesionado. Para un rincón de viaje curado, acompáñalo con otras láminas en tonos beige y mapas o fotografías antiguas
